Flúor para fortalecer el esmalte

El esmalte es la defensa fundamental del diente frente a la caries, por el hecho de que es duro y envuelve la totalidad del diente. Sin embargo, si no se mantiene una correcta higiene oral, la acción de la placa bacteriana puede debilitar esta barrera. Para evitarlo, los odontólogos recomiendan seguir tratamientos con flúor para fortalecer el esmalte y prevenir la caries. En algunos casos incluso se puede llegar a revertir el desgaste del esmalte. Hay que tener en cuenta que la placa bacteriana corroe el esmalte de los dientes y con el tiempo también se produce un desgaste de éste a consecuencia del uso. El flúor lo que hace es remplazar el mineral que pierde el esmalte manteniendo su consistencia y, por tanto, haciendo que los dientes continúen estando sanos. Además, este mineral que se encuentra de forma natural en los alimentos y en el agua corriente (fluoración del agua), permite que el esmalte resista mejor la acción de los ácidos y por tanto prevenga la aparición de caries.

Todo ello indica la conveniencia de utilizar dentífricos que contengan flúor (entre 1.000 y 2.500 partículas por millón), que son la mayoría de los que se comercializan para uso común. Estos es especialmente importante en aquellas personas que están siguiendo un tratamiento de ortodoncia, para impedir que las bacterias se acumulen bajo los alambres del aparato.

Otra forma de aportar el flúor necesario para mantener y reforzar el esmalte es mediante el uso de geles que se aplican directamente sobre los dientes para que actúen durante unos minutos, antes de enjuagarse. Asimismo, en la consulta del odontólogo en ocasiones se realizan tratamientos de este tipo utilizan una férula en la que vierte flúor y se coloca en los dientes durante unos minutos para luego enjuagar, o un barniz o espuma que se aplica directamente sobre los dientes.

El uso del flúor en los niños

El flúor es especialmente importante para la salud dental de los niños, especialmente de los más pequeños. Sin embargo se deben utilizar pastas de dientes con unas concentraciones significativamente menores que en los adultos:

  • 500 partículas por millón (ppm) en el caso de los menores de 2 años.
  • De 1.000 a 1.450 ppm entre 2 y seis años de edad (en cantidades muy pequeñas).
  • 1.450 ppm si tienen más de 6 años.

Hay que tener en cuenta que en el caso de los niños el uso del flúor comporta ciertos riesgos. El primero de ellos es que los más pequeños se traguen la pasta de dientes y pueda resultar tóxico. Por otra parte, una exposición excesiva a este mineral durante el desarrollo de los dientes puede producir lo que se denomina fluorosis, que se caracteriza por una mala calcificación del esmalte o incluso su destrucción, lo que, además de debilitar al diente y facilitar la aparición de caries, hace que los dientes adquieran una coloración marrón.

Técnicas de cepillado

Técnica de Bass

Es la más efectiva. Situamos el cepillo con una inclinación de 45°. Se trata de realizar unos movimientos vibratorios en la parte vestibulocervical y linguocervical, pero sin desplazar el cepillo de su punto de apoyo. Deben ser movimientos muy cortos para que las cerdas se flexionen sobre sus propios ejes pero que las puntas no se desplacen de los puntos de apoyo. Así conseguimos desmenuzar la placa bacteriana, es una técnica muy recomendad en adultos se debe ir cepillando de dos o tres órganos dentarios, en la cara oclusal de los dientes se debe de hacer movimientos de fregado rápido para eliminar todos los restos de alimentos.

 

¿Cómo debo cepillar los dientes de mi hijo?

El cepillo lo empezaremos a utilizar a partir de la erupción de los primeros dientes.

La pasta de dientes se incorpora a partir de los dos años, eligiendo una infantil (con menor cantidad de flúor debido al riesgo de ingesta) y utilizando una cantidad muy pequeña.

Los padres deberían ocuparse de la higiene dental de sus niños hasta que les vean con la suficiente habilidad motora, hacia los 6-7 años. A partir de esta edad, los niños cepillan los dientes y los padres les ayudan y supervisan, especialmente en el cepillado de después de cenar, y deben hacerlos hasta los 9-10 años, cuando los niños estarán capacitados para hacerlo solos.